Comentario de Paula Molina

22 02 2008

La del jueves fue una estupenda noche de imitaciones, partiendo por Arnel Pineda, el nuevo vocalista de Journey, un intérprete conseguido entre gallos y medianoche que ni siquiera tenía los papeles listos para entrar a Chile. Pero entró, llegó, y venció. El repertorio de Journey es demasiado fuerte, en calidad y en emociones, para que el público chileno se resistiera y la rendición fue completa. Jonathan Cain al piano, el compositor junto a Steve Perry de esas joyas de la nostalgia ochentera que son “Open Arms”, “Don’t Stop Believing” o “Faithfully”, entre muchas otras, miraba con orgullo y satisfacción el desempeño de Pineda, pero sobre todo, el de sus temas, que siguen siendo balas que apuntan directo al corazón y las emociones de su público y a esta altura de la historia (para mejorar las cosas) a su memoria. Hay pocas cosas más poderosas que la nostalgia y gracias a ella, bandas como Journey podrán seguir tocando por muchos años más o al menos mientras la salud los acompañe (curiosamente, los dos cantantes de Journey, Perry primero y Steve Auger después, salieron de la banda por problemas de esta índole). Probablemente Journey no habría hecho debutar a su cantante en un escenario que realmente respetara, y en ese sentido, su presentación sobre la Quinta Vergara no está a la altura artística de lo que el Festival espera de sí mismo (un encuentro de nivel internacional) pero fue tremendamente efectiva. Abandonaron el escenario a las once y media de la noche con dos antorchas, una gaviota, y tanto aplauso que cerraron con un improvisado bis y el tema “Lovin’, touchin’, squeezing’”, que resultó lo suficientemente desconocido como para aquietar los ánimos.
Lo de Stefan Kramer en cambio, sí estuvo de altura. No sólo gracioso; también inteligente, audaz. Su imitación de personajes televisivos chilenos es certera, porque es capaz de comprender y retratar sus gestos, su timbre y su tono. Pero mejor que todo eso es la capacidad de Kramer para capturar la sicología del personaje y plantear a partir de allí una rutina que retrata a través la risa, algunos odiosos vicios públicos. La mayor parte del tiempo Kramer es divertido pero a veces, como los grandes humoristas, es también corrosivo y no tiene concesiones. No sólo imita a Kike Morandé, nos revela también el fondo clasista de algunos de sus dichos; retrata a Sebastián Piñera como un comprador incontinente, y convierte a un bailarín brasileño en denuncia de ese erotismo ramplón y explícito que de cuando en cuando campea en la televisión chilena. Se le aplaudió de pie y merecidamente. Agradeció medido y sin aspavientos.
Sinergia subió a hacer lo único que puede hacer un número de cierre cuando salta al escenario a las dos y media de la mañana: aprovechar el tiempo. Con menos de diez canciones la banda de Conchalí se llevó todos los premios disponibles y se consagró como parte del creciente RPCH: Rock Popular Chileno, donde ya están anotados Chancho en Piedra y Lucybell. Bandas que atravesaron el desierto de las actuaciones comunales y la indiferencia de los medios para convertirse en estrellas nacionales. Sinergia se la jugó siempre en la colectiva: toda su actuación de abanderó con el rock nacional (hubo covers de los Peores de Chile y Aparato Raro) y en un gesto al borde de la polémica, presentaron su canción “Amor alternativo”, pidiendo al público que eligiera entre las siguientes opciones: “uso correcto del preservativo; pareja única toda la vida; abstinencia sexual”. El público tomó una sola opción y a viva voz. Un segundo de riesgo para una banda jugada.

Paula Molina


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2 responses

22 02 2008
Ricardo

la segunda noche sin duda la mejor en muchos años comenzando con una banda que es una de las mejores en los años 80 que desñlumbro con su nuevo vocalista

luego con un humorista que la rompe donde quiere que vaya
y terminando con uan de las mejores bandas de rock chileno que la rompe hace rato

saludos y suerte

27 02 2008
system82

El festival en general no estuvo malo. Siempre se puede esperar algo mejor pero también hay que reconocer el esfuerzo de la organización por traer artistas que deben ser bastantes caros. En lo que si estoy de acuerdo es en que los artistas que van al festival deberían ser exclusivos del festival y no hacer una especie de combo y venir a dar conciertos en todo Chile por que creo que eso le quita un poco de nivel al festival en sí. Y lo otro que deberían preocuparse es de traer más artistas que merezcan estar ahí, ya sea porque están pasando por un buen momento “a nivel internacional” o porque tienen trayectoria pero no porque pertenecen a un programa de “tv” como son el caso de Amango o SixPack que al margen de que puedan tener talento o no creo que no deberian haberse presentado tan pronto. Con esto me despido dejando planteada la siguiente pregunta ¿Por qué debe haber humor en un festival de la canción?. Espero que alguien me ayuda a responder esta pregunta.

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